Siento... siento que necesito llorar, pero no puedo, no me sale.
Los días han sido normales, sin mayores sobresaltos y con las cosas típicas del día a día. Casi todos son iguales. De vez en cuando ocurre algo, algo que me saca de la monotonía. Y se siente bien.
Ojo, que a mí la monotonía me gusta; me resulta cómoda, me hace sentir seguro, pero a veces es bueno sentir algo distinto. El otro día, un pensamiento algo cruel, algo de humor negro, me mantuvo riéndome por minutos. Fue tan absurdo... pero necesario.
Trato de evitar las miradas lastimeras. Sus ojos apuntaban hacia mí como si tuviera alguna enfermedad terminal, como si fuera un inválido intentando volver a sentarse en su silla. Y no, no tengo nada de eso. Solo que, como cada año, no tenía ganas de celebrar mi cumpleaños. No es la gran cosa, solo me mantuve vivo mientras el planeta Tierra daba una vuelta al Sol. No es la gran cosa, no tiene mérito y, según yo, no merece ser celebrado.
Pero ella tenía esos ojos, sintiendo lástima por mí. No me gusta esa sensación...